¿Qué precio pones a la vida?

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¿Qué precio pones a la vida?

No será obligatorio asistir a clases presenciales antes del examen teórico para sacarse el carné de conducir. El Director general de Tráfico D. Pere Navarro, en su comparecencia en la Comisión de Seguridad Vial del Congreso explicó que se han retirado todas las referencias a la obligatoriedad de asistir a esas 8 horas de clase teórica presencial, del proyecto de Real Decreto que la DGT está preparando para modificar el Reglamento de Conductores.

En su día, la medida provocó las quejas de las autoescuelas digitales y que ahora han sido la única vía de estudio de los aspirantes al carné durante la pandemia del coronavirus. Además, a finales del año pasado, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) hizo público un informe desfavorable con dicha medida.

La formación en las Autoescuelas es una de las llaves más importantes para cerrar la puerta a los siniestros viales desde un principio. Deshumanizar este valor en pro de un punto de vista mercantil que confronta intereses económicos entre dos modelos de enseñanza, uno presencial y otro online, resulta peligroso si no se aborda un análisis más profundo.

La educación ha ido sumando las nuevas tecnologías también en las Autoescuelas y la obligatoriedad de las 8 horas de clases presenciales era una apuesta por un modelo de formación semipresencial o “blended”. La intención era no perder el contacto social que se da en las aulas de las autoescuelas entre el profesorado y los alumnos, entendiendo que hay valores como la sensibilización y la concienciación que presencialmente aún cuesta anclar, con durabilidad en el tiempo, en los futuros conductores. Ahora, tememos que una formación únicamente online no presencial propiciará un aumento en siniestros viales.

La movilidad segura debe de ser una realidad en cualquier sociedad cívica y por eso la educación vial tiene que existir en nuestra trayectoria de aprendizaje como individuos a lo largo de toda nuestra vida. Las Autoescuelas tienen un papel muy importante al estar en un lugar de esa trayectoria en el que nos van a formar para aprender a conducir vehículos motorizados, unas máquinas que en su interior transportaran vidas, que circularán en climatologías adversas, altas velocidades,… y que también generarán riesgos sobre terceras personas al circular muy próximas a peatones en entornos urbanos, deportistas en carreteras, otros vehículos con los que compartirán vías, etc.

Un conductor temerario que disfruta de la velocidad, un conductor irresponsable que toma drogas y/o bebe antes de conducir, un conductor que conduce tan relajadamente como si estuviera en el sofá de su casa u otro desatento por la conversación telefónica que está atendiendo mientras conduce, son algunos de los ejemplos de conductas incívicas, malos hábitos, inconsciencia y otras muchas cosas, que deben de poder combatirse eficazmente antes de que una persona se siente por primera vez al volante de un automóvil o tome el manillar de una motocicleta.

En esta sociedad de consumo y de vida acelerada en que estamos inmersos, no solemos tener tiempo para pensar en ciertas cosas que nos rodean y que en algunos casos pueden incluso salvarnos la vida… o sesgárnosla.

Ante esta situación o debate en apostar por una formación presencial, semipresencial u online deberíamos de comenzar preguntándonos qué valor damos a la formación y a los exámenes que tienen que superar los futuros conductores y para que creemos que existen esos exámenes.

Lamentablemente la idea popularizada es que a la autoescuela se va “para aprobar” los exámenes y conseguir el permiso y no para aprender a conducir. Llegados a esa conclusión de que solo se va para aprobar, el siguiente paso evidente fue tratar de ir el menos tiempo posible y gastar el mínimo dinero. Pero es un grave error no dar valor al tiempo que se precise para adquirir una buena formación vial impartida por las Autoescuelas y no considerar que ese tiempo y el coste económico son una inversión de presente y futuro para ser un buen conductor.

La formación teórica de las Autoescuelas es gravemente despreciada por demasiados alumnos y resulta muy generalizada la conclusión de que es más rápido hincharse a hacer test como los que saldrán en el examen que escuchar alguna clase o abrir el libro. Un alumno que persigue sacar el permiso invirtiendo el mínimo tiempo posible prefiriendo hacer test, es un alumno que no sabe el valor y necesidad que tiene aprender todo el Código de Circulación y los valores cívicos de movilidad y seguridad vial, tan necesarios para evitar siniestros. ¿Qué clase de conductor será esa persona?

Cabría preguntarnos como hemos llegado a este punto con los exámenes teóricos y con ese menosprecio a la formación. Quizás tropezamos con esta situación hace tiempo, cuando se extendió que había alumnos que conocían los contenidos pero fallaban preguntas por no entender o interpretar bien las preguntas o las respuestas y la solución rápida fue facilitar  test para ensayar esa técnica, forma y lenguaje de examen. Posiblemente hubiera podido ser mejor opción haber planteado alguna solución que de manera imperativa hubiera asegurado que todas las preguntas y respuestas evitaran plantear confusión intencionada o errónea para comprenderlas y entenderlas.

Ello hubiera mejorado suspender o aprobar a un alumno por sus conocimientos de la materia y no por sus capacidades de entender, comprender, desmarañar, etc. la redacción de algunas preguntas y respuestas del examen test.

Necesitar o decidir practicar test facilita el aprobado con menos conocimientos y valores adquiridos despreciando la formación y eso no crea buenos conductores. Hay que dejar de memorizar test y recuperar el aprendizaje aprovechando las nuevas tecnologías para mejorar la formación, sin menospreciar la forma presencial impartida por un profesor de  autoescuela, que sigue siendo por excelencia la mejor fórmula, ya que nuestra necesidad de socializar con otros seres humanos hace que esa experiencia formativa sea más profunda.

Para el examen práctico, también se hacen las prácticas justas para aprobar y no para aprender a conducir. La mayor justificación de los alumnos es el coste económico, pero tendrían que detenerse y valorar que coste económico tiene ser un mal conductor por haber ahorrado en la formación cuando ello puede provocar la pérdida de alguna vida incluyendo la propia y todo lo que ello conllevaría para los propios damnificados y sus círculos próximos de familiares, amigos, entorno laboral, etc.

De todas formas, el sistema también es peligrosamente benévolo y temerario facilitando que se precisen menos prácticas y en consecuencia ningún alumno que aprueba ha experimentado en un entorno supervisado y seguro, una frenada de emergencia, un aquaplaning, un sub/sobreviraje y otras muchas reacciones físicas de los vehículos, por lo que lo más probable es que algunos de esos conductores insuficientemente preparados, ante algún imprevisto realicen un contravolante que no sabrán controlar, frenen intensamente en vez de disminuir progresivamente perdiendo el agarre, no aprecien excesivas velocidades y se detengan tarde, no conozcan que sus cuerpos no soportaran ciertas desaceleraciones bruscas, no hayan sentido las transferencias de pesos en las curvas, aceleraciones y frenadas y como afectan a los límites de adherencia de los neumáticos… y otras muchas reacciones dinámicas de los vehículos y sus asistencias electrónicas.

El aprendizaje presencial de las Autoescuelas tiene carencias y el online las acrecienta. El sistema da a los alumnos unas nociones teóricas y prácticas para aprobar los exámenes… pero realmente no los prepara para conducir con la seguridad, destreza, civismo, responsabilidad y conciencia preventiva necesarios para evitar siniestros viales, tanto en el inmediato presente cuando se les entrega el permiso, como en su futuro cuando se auto-desarrollaran como conductores. En consecuencia, si no ha habido unos buenos cimientos formativos en conocimientos, valores y concienciación, no podemos esperar conductores “hábiles” en la conducción habitual y las situaciones imprevistas, “responsables” en el cumplimiento del Código de Circulación, “cívicos” en el uso del vehículo y con la población peatonal y otros usuarios de las vías, y “seguros” no provocando riesgos ni siniestros a terceros ni sobre ellos mismos.

También habría que hablar de un necesario reciclaje a lo largo de los años que se tiene el permiso.
¿Cuántos conductores refrescan y actualizan sus conocimientos en normativa y nuevas tecnologías para conducir? ¿Y refrescar el civismo, prevención, consecuencias al volante, sensibilización, concienciación,…?

Para terminar cabría mencionar como mejorar las revisiones médicas necesarias para tener el permiso o renovarlo. Sería interesante enfatizar el apartado psicológico sobre el individuo para detectar y prevenir mejor, posibles comportamientos peligrosos al volante. De igual forma es necesario evitar las trampas que hacen conductores para pasar la revisión o el conflicto económico de estos centros que realizan las revisiones, que incita a algunos profesionales a hacer “la vista
gorda”.

En resumen, si queremos mejores conductores en las carreteras y menos siniestros, necesitamos…
– Educación y conciencia desde la infancia en movilidad segura, cívica y sostenible.
– Formación teórica y práctica de calidad y valorada en las Autoescuelas para aprender a conducir y comportarse al volante y no solo para aprobar.
– Un sistema de examen optimizado que no incite tácticas de aprobado que dañen la formación y el aprendizaje.
– Reciclaje a lo largo de la vida como conductor para refrescar y actualizar conocimientos, y reforzar concienciación y sensibilidades al volante.
– Mejores revisiones médicas Con más énfasis psicológico para prevenir comportamientos peligrosos. Con acceso a nuestro historial médico completo para evitar ocultaciones. Y con un servicio de revisiones que evite el condicionante conflicto económico del actual sistema privatizado de revisiones.

José Miguel Escrig Agut, delegado P(A)T Castellón