LA SEGURIDAD VIAL NO VA DE IDEOLOGÍAS VA DE VIDAS
El debate sobre la tasa de alcohol no es una cuestión técnica, es el reflejo de hasta qué punto estamos dispuestos a ser coherentes con lo que ya sabemos que mata

La tarde de este miércoles, la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados ha rechazado la propuesta para reducir la tasa de alcoholemia de los 0,5 gramos por litro en sangre de ahora a un 0,2 (un 0,1 miligramos por litro de aire espirado). Ante este escenario, quienes formamos esta asociación de víctimas manifestamos nuestra profunda desolación. Esta decisión prioriza los equilibrios partidistas y los intereses coyunturales sobre la protección de la vida; esa misma vida que a nosotros nos arrebataron en un asfalto que no entiende de estrategias.
El coste real: Vidas sesgadas, no trámites
Mientras los grupos parlamentarios se enredan en debates sobre fallos técnicos, falta de solidez en el texto o demandas de mejoras en infraestructuras, la realidad de las familias sigue siendo una emergencia que no puede esperar. Condicionar la reducción del alcohol al volante a otros debates es una irresponsabilidad manifiesta: los siniestros de tráfico nos pasan a todos, sin excepción, y lo que no se ha firmado hoy se convertirá, inevitablemente, en vidas perdidas mañana.
Debemos ser claros: las próximas personas que mueran por esta causa podrían haber sido salvadas hoy. Cada firma que se niega es una oportunidad de vida que se extingue. Incluso aquel que hoy ha votado en contra debería entender que nadie está a salvo de verse, de repente, en este lado de la historia. Es una historia de dolor, ausencia y arrepentimiento que nadie querría repetir, pero que seguimos permitiendo que se escriba con cada decisión postergada.
La «incomodidad» de elegir la vida
Hoy en el Congreso hemos visto lo difícil que nos resulta como sociedad tomar decisiones incómodas. Cuesta ver que se siga dudando ante lo evidente alegando «afán recaudatorio» o «falta de contenido». No es por falta de información, sino por la incapacidad de asumir cambios que requieren un compromiso colectivo valiente.
El debate sobre la tasa de alcohol no es una cuestión técnica; es el reflejo de hasta qué punto estamos dispuestos a ser coherentes con lo que ya sabemos que mata. Revela algo doloroso: todavía nos cuesta priorizar la vida cuando hacerlo implica una mínima incomodidad o un coste político.
Responsabilidad frente a la tragedia
Recordamos que uno de cada dos conductores fallecidos el último año dio positivo en alcohol o drogas. Ante estas sillas vacías, la seguridad vial no puede depender de equilibrios parlamentarios. Debe ser una responsabilidad compartida y profundamente humana.
Porque en la carretera no hablamos de cifras. Hablamos de personas que tienen el derecho de volver a casa. Por los que ya no están, y para que nadie más tenga que escribir esta historia, exigimos valentía a quienes hoy han preferido el trámite a la vida.

