Cuando la justicia no repara: las víctimas de tráfico y la vía restaurativa
Cada año, miles de personas en España sufren un siniestro de tráfico. Pero lo que muchas no saben es que el impacto no termina en la carretera. Para muchas víctimas, empieza ahí: un proceso marcado por el dolor, la incomprensión y, en ocasiones, por un sistema que no siempre logra reparar lo que se ha roto.
La seguridad vial ha avanzado enormemente en prevención, pero sigue teniendo una asignatura pendiente: qué ocurre después. Cómo acompañamos a las víctimas, cómo escuchamos su experiencia y qué herramientas ofrecemos para que puedan reconstruir sus vidas.
En el ámbito de los siniestros de tráfico, la justicia ordinaria cumple una función esencial: determinar responsabilidades y dictar sentencia. Sin embargo, su objetivo no es reparar el sufrimiento de las víctimas. Como señala el catedrático en Filosofía Francesc Torralba, “la ley es insuficiente para curar el remordimiento, el resentimiento o la culpa”. En muchos casos, estos procesos pueden generar incluso una revictimización, alargando el dolor y dificultando la elaboración del duelo.
Frente a este vacío, empieza a abrirse paso en España una vía todavía poco conocida: la justicia restaurativa. Un enfoque que no sustituye a la justicia tradicional, pero que introduce algo esencial que muchas víctimas reclaman: la posibilidad de ser escuchadas, de comprender lo ocurrido y, en algunos casos, de encontrar una forma de reparación emocional.
A partir del trabajo desarrollado en el documental Vías Restaurativas, producido por la Asociación P(A)T – Prevención de Accidentes de Tráfico y basado en el estudio impulsado por P(A)T, junto a la Cátedra de Ética Aplicada de la Universitat Ramon Llull, se han recogido testimonios de víctimas, causantes de siniestros y profesionales del sistema judicial que evidencian esta necesidad.
Las experiencias recogidas muestran encuentros cuidadosamente acompañados en los que no se busca el perdón ni la absolución, sino algo más profundo: la responsabilidad, la comprensión y la reconstrucción del sentido tras el daño sufrido. Como expresan algunas de las personas participantes, se trata de abrir espacios donde la persona pueda ser reparada en su totalidad, más allá de la sentencia.
Este enfoque no es sencillo ni aplicable a todos los casos, pero plantea una cuestión fundamental: ¿estamos ofreciendo a las víctimas de tráfico todo lo que necesitan para recuperarse?
Diversos medios de comunicación han empezado a hacerse eco de esta realidad, reflejando el interés creciente por modelos que humanicen la respuesta institucional ante los siniestros viales y sitúen a la persona en el centro.
Porque detrás de cada siniestro hay una historia que no termina en la carretera. Hay familias, hay procesos de duelo, hay vidas que necesitan reconstruirse. Y quizá una de las tareas pendientes de nuestro sistema es entender que la reparación no se limita a una resolución judicial, sino que implica acompañar el sufrimiento humano en toda su complejidad.
La seguridad vial no puede terminar en la prevención del accidente. Empieza también en cómo respondemos después. Y ahí, la justicia restaurativa abre una vía que el sistema aún no ha sabido integrar plenamente, pero que muchas víctimas llevan años reclamando.


